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martes, 23 de febrero de 2010

una adaptacion decuentos de Mariano Merle







UN TARAMBANA CASADERO



Hace unos años pensé “Tenes que casarte José!!!” y para casarme le dije a Rosita si quería salir conmigo, Salí con Rosita los sábados por la tarde como 20 sábados seguidos, Un día por la mañana, con un sol de primavera, la encontré a Rosita paseando con otro, muy tranquila me dijo. Te presento a Tito, es mi novio,

Y yo me resigne pensando… y claro, si no hay para pensarlo, Tito es mas joven que yo.

Al tiempo, volví a pensar “ Yo Tendría que casarme” total yo no salía mas con Rosita por que Rosita salía con Tito. Y además ya no salía con Rosita por que me había enamorado de Fidela,

Con Fidela también salía los sábados por la tarde un sábado, dos, tres, cuatro , diez meses. Un día Fidela me presento a Lito, me dijo: somos novios.. y yo me resigne otra vez por que claro, Lito tenia mas pinta que yo.

Pasaron otros cuantos meses y otra vez volví a pensar que tenia que casarme y para casarme salí con Mirella, pero Mirella no espero tanto, antes de fin de mes, me presento a Mauricio. Me dijo; este es Mauricio, mi novio.

Y yo me resigne, al fin y al cabo Mauricio era mas rico que yo.

Después de un tiempo, volvi a pensar, Me tengo que casar” y entonces salí con Marujita, pero había algo que me extrañaba, habían pasado cuatro meses y Marujita no me había presentado a nadie. Asta que un día la veo llegar con un señor viejo, gordo, pelado y mas fulero que yo. Con este no tenia en que resignarme, esta peor que yo, pensé.

Y cuando Marujita empezó a balbucear; “Este es…..”la interrumpí indignado mostrándole los dientes y gruñendo con mucha bronca, No sigas, lo se todo!!! Es tu Novio! El pelado se puso colorado como un pimentón de indignación, Y Marujita, la dulce, la candida Marujita rompió a llorar,

-No, no- es mi papa-me dijo llorando y se fue.

Mientras tanto yo seguia con mis estudios de pintura y literatura,

Me paseaba por la calle, iba a muestras de arte, a tertulia literarias con unos pantalones reventados que yo mismo me iba zurciendo, si no me lo zurcía yo, no me lo zurcía nadie, Nunca asta entonces había pensado en eso, que de tanto zurcir y coser botones.

Descubrí lo que siempre había sido para mi un enigma; mi verdadera vocación!!!.

Sin dudas- me decía mirándome el arrugado espermento de mis pantalones- la vocación me la despertaron ellos, me recosté en la cama para pensarlo mejor y me dije- “José, tenes vocación al matrimonio”.

Entonces me decidí y llame por teléfono a mi vieja y le dije- Maaa!!! Me quiero casar.

-Ya era hora!, me dijo ella, tenes 66 años.

Mi vieja ignoraba que la vocación me había entrado por los pantalones, Ella creía que me había enamorado; yo me quería enamorar que es una cosa muy distinta, y es muy duro para un solteron buscar una señorita que se quiera casar con uno

Al final mi vieja me comprendió, entonces me propuso.

-Conozco una chica que te conviene.

La chica que te conviene se llama Adelita y tiene unos 47 años.

Adelita es una señorita con los ojos verdemar, cabello rubio ondulado, con las facciones frescas y jóvenes. Es una gran Muchacha decía Mama y la invitaba a venir a casa con cualquier pretexto.

Adelita es simpática, graciosa, habla de cine, de literatura, de pintura, de música y ademas habla tres idiomas.

YO hacia esfuerzos para enamorarme, de a ratos pensaba en mis pantalones pero no acertaba en comprender que relación guardaba en ellos una señorita poliglota.

La vieja cierta vez nos dejo solo para que yo le pudiera decirle algo.

Y por decirle algo le pregunte:

-¿Le gusta usted Tocar el piano?

- Ohh si!!! Contesto ella. Y sus dedos resbalaron por el blanco teclado ejecutando como una diosa un nocturno de Chopin., Era como si jugara con pedazos vivos y musicales de la luna. Me parecía estar contemplando lunas que caían sobre el piano y se rompían entre sus dedos.

YO tenia la mejor voluntad y me quería enamorar, pero sentía el corazón reseco y en mi pecho no nacía el amor, A pesar de todo tenia que casarme, por que el espectro de unos pantalones mal zurcidos me amenazaban sin piedad.

Ella alzo las manos del piano y agito en el aire como una noche luminosa su larga cabellera rubia y ondulada.

Había llegado el momento supremo, Entonces me rasque el pescuezo, me rasque la cabeza, me rasque todo y me pregunte;

-¿ Y ahora que le digo a esta señorita?.



jose curia

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