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martes, 4 de mayo de 2010

El encuentro.


El horizonte fue un embudo que canalizó el rio de acontecimientos que los hizo existir el uno para el otro. El delta de siluetas urbanas fueron los involuntarios anfitriones que los convocaron y presentaron cuando ellos coincidieron en abrevar en la misma rivera somnolienta, tan lenta que parecía muerta o inmóvil. Uno pudo ser Tigre y el otro Gacela. Sin embargo, más allá de los contrastes de sus orígenes, supieron intercambiar sus esencias y fueron cómplices narradores de la historia que no se escribe con la pluma. El ardor, el sudor, aun tremolan en el torbellino de lo que se permitieron vivir…Las alimañas lo comentarán, algún pájaro siestero lo cantará. Ellos no dirán nada…o casi nada…
El silencio tenderá nuevamente su cobija sobre la urbe desvelada. Ella dejará caer lánguidamente sus parpados, segura que su sueño estará atentamente amparado.

Sergio Manago