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sábado, 6 de febrero de 2010

poema adaptado a nuestra realidad


Este es un fragmento de un poema de José de Almada Negreidos, poeta Portugués
que yo adapte a nuestra querida despreciable burguesía.

José Almuada El Negro
A Cenaculo del Ódio (fragmento)

" ¡Oh burguesía! ¡Oh ideal con i pequeña!
¡Oh ideal ricocó de los Macri, los Carrio e de los Cobos!
¡Oh cofre de indigentes
Cuya personalidad es la moral de todos!
¡Oh mediocridad general!
¡Oh choque ignoble de lo vulgar, protagonista de lo normal!
¡Oh horror! ¡Los burgueses de Criollos
Son peores que los otros
Porque, además, son Argentinos (¿?)! "

jueves, 4 de febrero de 2010

Otro para el ego.





Tanti auguri per te , Nono
De Adriana Medina

Hubo un tiempo en mi vida en que necesité paños tibios en el corazón, y… ¡Qué bien los ponía el Tano!
Un bohemio sin remedio al que le vibraba el cuerpo mirando a “Las Señoritas de Avignon”.
Dejó en mi cabeza rulada caricias desenredantes, óleos que iluminan mi casa y tantas historias… ..

Su padre un hombre trabajador y responsable, con la familia recién formada, sin trabajo y el hambre que apretaba, se enrolo en 1936 en las tropas de Mussolini para la guerra civil española, porque si hay que dar de comer a los hijos las ideologías pueden esperar, después fue reclutado para la segunda guerra mundial.

Cansado de esto y de todo en La Calabria hambrienta, embarcó hacia la América, le habían contado que aquí se podía llevar pan en paz a su mesa.

Creyendo que llegaba a Cuba, arribó a la Argentina porque el destino hace esas trampas…
Trabajó, trabajó, trabajó y cuando finalmente pudo alquilar una pieza grande en un conventillo trajo a su mujer y a sus tres hijos.
Del conventillo pasaron a un terreno en Podestá. y que importaba que entonces Podestá estuviera tan lejos si ya no tenían que hacer fila para que nueve familias usaran el baño, y que importaba que la máma se la pasara fregando. Mas allá de la pieza todo era barro en Podestá.
La casa fue creciendo al ritmo de la familia y de Calabrisella Mía, y cuando ya eran cuatro los nietos que iban a ir al puerto a recibirlo llegó el Nono. Vino con una valija de 87 años y un libro pesado con la historia de su vida -
Se sentaba todos los días en un banquito bajo, en el frente de la casa y miraba a lo lejos como si pudiera ver desde Podestá la persiana cerrada de la barbería donde rasuraba y militaba o mejor dicho donde militaba y rasuraba allí en su Calabria.

Frente a la casa de Podestá, cruzando el zanjón, y la calle de barro, siempre, había un tambo. El tambo tenía un dueño, y el dueño una sobrina. Una sobrina bastante joven. El tío de la moza salía de madrugada con el carro lechero para el reparto y el Nono aprovechando esas ausencias empezó a cruzar de un terreno al otro para visitar a la sobrina del tambero. Un día, dos días, tres días…tres años…

El domingo en que el Nono cumplía los 90, cruzó, con su bastón de palo. La visita duró… lo que tenía que durar…
Volvió el Nono y se sentó en la sillita baja para esperar los ravioles con ese tuco que olía al laurel de la gloria y esas albóndigas que nadie pudo imitar.
Cuando los ravioles ya estaban al dente… La máma mandó a llamar al Nono, pero no se despertaba. Mámaaa!!!… el nono está quietoooo, no contesta dijo el tano.
La máma se levantó de golpe, se le cayó la fuente que estaba sacando del aparador y salió corriendo.
Si, el Nono se murió ahí, bajo el sol del domingo, en su 90 cumpleaños, después de hacer el amor.
El Tano en el velorio, lloró poco, comió la torta de cumpleaños, convidando a los presentes para acompañar la copita de lemonchello.
El sabía como iba a ser porque el Nono ya se lo había contado sentado en esa sillita baja mientras tomaban sol y miraban juntos a lo lejos la persiana baja de su barbería de Calabria.

A. M.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Sigo con mi tributo a mis poetas favoritos


Jorge Luis Borges
Arte Poética

" Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.

Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño.

Ver en el día o en el año un símbolo
de los días del hombre y de sus años,
convertir el ultraje de los años
en una música, un rumor y un símbolo,

ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso.

A veces en las tardes una cara
nos mira desde el fondo de un espejo;
el arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara.

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,
lloró de amor al divisar su Itaca
verde y humilde. El arte es esa Itaca
de verde eternidad, no de prodigios.

También es como el río interminable
que pasa y queda y es cristal de un mismo
Heráclito inconstante, que es el mismo
y es otro, como el río interminable. "

El Poder de la Palabra

martes, 2 de febrero de 2010


un poema de
Roque Dalton
Desnuda

" Amo tu desnudez
porque desnuda me bebes con los poros,
como hace el agua cuando entre sus paredes me sumerjo.

Tu desnudez derriba con su calor los límites,
me abre todas las puertas para que te adivine,
me toma de la mano como un niño perdido
que en ti dejara quietas su edad y sus preguntas.

Tu piel dulce y salobre que respiro y que sorbo
pasa a ser mi universo, el credo que me nutre;
la aromática lámpara que alzo estando ciego
cuando junto a las sombras los deseos me ladran.

Cuando te me desnudas con los ojos cerrados
cabes en una copa vecina de mi lengua,
cabes entre mis manos como el pan necesario,
cabes bajo mi cuerpo más cabal que su sombra.

El día en que te mueras te enterraré desnuda
para que limpio sea tu reparto en la tierra,
para poder besarte la piel en los caminos,
trenzarte en cada río los cabellos dispersos.

El día en que te mueras te enterraré desnuda,
como cuando naciste de nuevo entre mis piernas. "

El Poder de la Palabra

lunes, 1 de febrero de 2010


Un poemita extraviado

Siempre vienes presurosa
Desde el nacimiento del día
Con los ojos tan abiertos
Como los rayos del sol.,

Y yo Adán delirante
te espero en lis andenes
humedeciendo relojes
para que se detenga el día

Pero las horas pasan veloces
como palomas destituidas
refugiándose en el crepúsculo
habitual de tus silencios.

Si tengo suerte
me trepo a tu belleza
y como ebrio tartamudo
que deletrea un verso
te robo una sonrisa.

jose curia