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jueves, 4 de febrero de 2010

Otro para el ego.





Tanti auguri per te , Nono
De Adriana Medina

Hubo un tiempo en mi vida en que necesité paños tibios en el corazón, y… ¡Qué bien los ponía el Tano!
Un bohemio sin remedio al que le vibraba el cuerpo mirando a “Las Señoritas de Avignon”.
Dejó en mi cabeza rulada caricias desenredantes, óleos que iluminan mi casa y tantas historias… ..

Su padre un hombre trabajador y responsable, con la familia recién formada, sin trabajo y el hambre que apretaba, se enrolo en 1936 en las tropas de Mussolini para la guerra civil española, porque si hay que dar de comer a los hijos las ideologías pueden esperar, después fue reclutado para la segunda guerra mundial.

Cansado de esto y de todo en La Calabria hambrienta, embarcó hacia la América, le habían contado que aquí se podía llevar pan en paz a su mesa.

Creyendo que llegaba a Cuba, arribó a la Argentina porque el destino hace esas trampas…
Trabajó, trabajó, trabajó y cuando finalmente pudo alquilar una pieza grande en un conventillo trajo a su mujer y a sus tres hijos.
Del conventillo pasaron a un terreno en Podestá. y que importaba que entonces Podestá estuviera tan lejos si ya no tenían que hacer fila para que nueve familias usaran el baño, y que importaba que la máma se la pasara fregando. Mas allá de la pieza todo era barro en Podestá.
La casa fue creciendo al ritmo de la familia y de Calabrisella Mía, y cuando ya eran cuatro los nietos que iban a ir al puerto a recibirlo llegó el Nono. Vino con una valija de 87 años y un libro pesado con la historia de su vida -
Se sentaba todos los días en un banquito bajo, en el frente de la casa y miraba a lo lejos como si pudiera ver desde Podestá la persiana cerrada de la barbería donde rasuraba y militaba o mejor dicho donde militaba y rasuraba allí en su Calabria.

Frente a la casa de Podestá, cruzando el zanjón, y la calle de barro, siempre, había un tambo. El tambo tenía un dueño, y el dueño una sobrina. Una sobrina bastante joven. El tío de la moza salía de madrugada con el carro lechero para el reparto y el Nono aprovechando esas ausencias empezó a cruzar de un terreno al otro para visitar a la sobrina del tambero. Un día, dos días, tres días…tres años…

El domingo en que el Nono cumplía los 90, cruzó, con su bastón de palo. La visita duró… lo que tenía que durar…
Volvió el Nono y se sentó en la sillita baja para esperar los ravioles con ese tuco que olía al laurel de la gloria y esas albóndigas que nadie pudo imitar.
Cuando los ravioles ya estaban al dente… La máma mandó a llamar al Nono, pero no se despertaba. Mámaaa!!!… el nono está quietoooo, no contesta dijo el tano.
La máma se levantó de golpe, se le cayó la fuente que estaba sacando del aparador y salió corriendo.
Si, el Nono se murió ahí, bajo el sol del domingo, en su 90 cumpleaños, después de hacer el amor.
El Tano en el velorio, lloró poco, comió la torta de cumpleaños, convidando a los presentes para acompañar la copita de lemonchello.
El sabía como iba a ser porque el Nono ya se lo había contado sentado en esa sillita baja mientras tomaban sol y miraban juntos a lo lejos la persiana baja de su barbería de Calabria.

A. M.

2 comentarios:

El buscador dijo...

Gracias Adri!! por rescatar de la memoria otro retazo de mi infancia.

Al dijo...

Que maravilloso relato. Conocía la historia desde tus recuerdos, felicito a Adriana que los supo plasmar con tanta sencilléz y sentimiento, que me daba la sensación de estar viviéndolo.
Te dejo mi afecto