Vistas de página en total

Buscar este blog

domingo, 6 de junio de 2010

Yotro



Fantasmas Del Bicentenario

Hombres sin rostro,
espíritus en escombros.
Hojas dispersas del almanaque,
del almanaque silencioso.

Santos sin nombre,
nombres sin santos.
Tren detenido en estación muerta.
El día duerme en la almohada.
Doscientos años acostados
no han visto el rayo lunar que los une.

Hombres envueltos
en un cigarro apagado
esperan resucitar memorias.
***
Marina Guarnieri
marinadelmar33@hotmail.com
25 de mayo de 2010

Otro poema para mi muestra.








Tric, trac, rembo,
diosma, reja, mambo,
timba, brama, fundo.

Subir bajo, dentrofuera.

Blancogris, cieldemonio.
Vida fresca malabar.
Sigma rosa desterrada.

¡Ilusión y libertad!






Durval Abásolo
durvalabasolo@gmail.com

viernes, 4 de junio de 2010

Para mi muestra del 18 de junio


Como explicar lo inexplicable

¿Cómo nacieron estas obras? ¡¡No sé!! Nacieron.

Simplemente nacieron como nacen las flores silvestres.

Nacieron de las cosas que le suceden a uno,
de las cosas que uno ve, de las que sufre,
de las que se goza.

Tienen la frescura de lo inmediato,
de la vertiginosa necesidad de expresar lo que nos pasa
y lo que no nos pasa cuando nos pasa.

Por ello, están desprovistas de tecnicismo,
solo un poco de oficio y emociones liberadas.

Lo bueno, lo interesante, lo emocionante es,
que sirvieron de excusa para que mis amigos
escritores y poetas, me acompañen con su ternura
y sabiduría en esta cruzada de amor a la vida y al arte.

Por ello mis obras: ¡TIENEN TANTA VIDA!.


José Curia

domingo, 23 de mayo de 2010

Para m muestra del 18 de junio



PRIMER PASO
Buscó su camino entre todos los recorridos.
Pasó lentamente las yemas de dos dedos por aristas, quiebres, ángulos, montes y páramos. Como siempre buscó señales pero el tacto no se las dio.
Pegó el oído para diferenciar las músicas del sendero y del asfalto. Sonaban demasiado lejanas para servir de guía.
Pasó la lengua por la rugosidad de la superficie. Inútil …Demasiada amargura en planos irregulares.
Pensó en perfumes y se dio cuenta de que el olor yermo era posible.
La luz peleaba para abrir su hueco y la suma le pintó los ojos: vio – olió – tocó - escuchó – gustó.
Dio el primer paso.

Susana Boyadjian

Para m muestra del 18 de junio



“Hoy glorieta”


Acudía
al llamado de Don Pérez,
todo el barrio acicalado,
patio de fondo alumbrado
con bombillas de cien Watts.

A quebradas y milongas
las glicinas perfumaban,
los gurises correteaban
en ese patio de bar.

La mesa, muy presentada,
loza elegante exhibía,
mas el plato contenía
un jugoso choripán.

Junto a su madre, Rivero,
Iba a cenar, no tangueaba.
Por la tarde escolazeaba.
Se cansaba de timbear.

Los agudos de D’Arienzo,
la orquesta en vivo arruinaba,
y Goyeneche cantaba
luego de un tinto entonar.

Desde los discos, Pichuco,
con su fuelle emocionaba.
Malena, alondra, coreaba
al lado del gran Zorzal.

Buenos aires orillero,
les dio Títulos de Reo
a percantas y malevos,
Aristocracia Arrabal.

Silvia C. Mendoza

Al bar de Don Pérez, el “Mickey” de Manuela Pedraza 2056, barrio de Núnez.
Estaba ubicado al lado de mi hogar (al 2052).
Hoy el bar es un supermercado chino y en el lugar donde estaba mi casa (antigua, tipo chorizo) se construyó un edificio de departamentos.

viernes, 21 de mayo de 2010

Para la muestra de junio


El Pibe
El pibe ansía volver hacía el mundo que, lejano, vive tras la hilera de maderas suburbanas apretadas por sus manos. No se anima y de ahí su tristeza. Ambiciona dejar el barrio de techos coloridos y tierra polvorienta pero está fondeado. Sus sueños extienden la mirada más allá y junto a la pelirroja que bebe en la vereda del bar recuerda la hostilidad que viene en su búsqueda. Tres cobanis por esquina esperan que haga alguna, cualquiera vendrá bien para verduguearlo, para que se junte gente y sienta, hondo, lo que es la humillación. Por eso no regresa, por eso no arranca. Carajo, si él solo estaba mirando, ¿por qué armaron ese circo de empujarlo al piso, esposarlo, si hasta documentos tenía? “¿Ocupación?”, le habían preguntado. No le salían las palabras, el miedo siempre lo dejaba mudo y temblando. Ahí le dieron el primer cachetazo, delante de todos, hasta la pelirroja estaba. Fue una de las que saltó: ¡Eh, por qué le pegan! “Habrá robado algo”, escuchó que decían. Mierda, solo había caminado mirando un poco. Después saltó un flaco con credencial de boga. Entonces los policías amainaron, les dijo que era menor que bla y bla, y como no le encontraron ni un mísero faso, que ahora ni siquiera estaba prohibido, entonces lo dejaron ir. Los curiosos pasaban mirándolo, el boga le dijo que vaya tranquilo. Entonces fue cuando ella le puso la mano sobre el hombro y le preguntó: “¿Estás bien?” Nuevamente se quedó mudo pero esta vez se aturdió con vergüenza. La miró a los ojos claros, con ese pelo rojo, esa sonrisa y un perfume que le llego al alma y al slip. “¿Estás bien?”, insistió ella. “Si, si” dijo a media voz y se fue sin volverla a mirar, más bien quería que lo trague la tierra. Y algo así sucedió: bajó velozmente al subte en Callao, siguió hasta Almagro y tomo el bondi hasta el barrio. Y ahora se pasa el tiempo aferrado a los rústicos maderos donde recuerda los ojos claros y evoca aquel aroma con nitidez. Pero ahí está, casi sin moverse. Una mezcla extraña de sentimientos lo mantiene anclado bajo los techos de colores y el polvo con que, generosa, lo envuelve la tierra.
Oscar Castelnovo

martes, 4 de mayo de 2010

El encuentro.


El horizonte fue un embudo que canalizó el rio de acontecimientos que los hizo existir el uno para el otro. El delta de siluetas urbanas fueron los involuntarios anfitriones que los convocaron y presentaron cuando ellos coincidieron en abrevar en la misma rivera somnolienta, tan lenta que parecía muerta o inmóvil. Uno pudo ser Tigre y el otro Gacela. Sin embargo, más allá de los contrastes de sus orígenes, supieron intercambiar sus esencias y fueron cómplices narradores de la historia que no se escribe con la pluma. El ardor, el sudor, aun tremolan en el torbellino de lo que se permitieron vivir…Las alimañas lo comentarán, algún pájaro siestero lo cantará. Ellos no dirán nada…o casi nada…
El silencio tenderá nuevamente su cobija sobre la urbe desvelada. Ella dejará caer lánguidamente sus parpados, segura que su sueño estará atentamente amparado.

Sergio Manago