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viernes, 23 de abril de 2010


...un tal Jacinto Chiclana

Vivir en el Once.

Buenas noches, bienvenidos al Once. Mi casa. Un lugar que es tan porteño como el Obelisco, pero que su nombre de Filcar es Balvanera.
Balvanera tiene el peso hasta Borgiano

Me acuerdo. Fue en Balvanera,
En una noche lejana
Que alguien dejó caer el nombre
De un tal Jacinto Chiclana. *

En cambio el Once tiene el peso del comercio, el Once ha sido históricamente, un barrio judío, pero también armenio, árabe, chino, coreano, peruano y boliviano. Esta última inmigración viene cuando empezaron las obras de la línea H del subte, yo anduve por esos túneles. El H no es más que un gran telón de un túnel secreto que une al Once con el país del Altiplano.

Nosotros vivíamos en Lanús y veníamos al Once con mi madre a hacer compras especiales. A ella le encantaba venir al Once. Tomábamos el 32 letra P, Mamá veía el número grande del colectivo pero la letra de abajo se la teníamos que decir nosotras porque si no paraba a todos. Por eso cuando fui a 1er grado yo la P me la resabía , no la de papá o la de pipa que enseñaban las maestras, sino la P del 32.
Bajábamos en la plaza Miserere, ¡que palabra Miserere! ¿no? mi madre me explicaba en voz alta como para que escuchara todo el colectivo, que significaba ¡ten piedad! en latín. Se lo había escuchado a Grondona cuando todavía estaba con Neustad.

Caminábamos por Pueyrredón hasta Corrientes y por Corrientes hasta Callao. Metiéndonos en las laterales, caminábamos todo un día.
Sabía encontrar lo que buscaba, cortinas en Azcuénaga , talles grandes Paso, cotillón Lavalle, sábanas Sarmiento, boyuterí para armar en Uriburu. Allí comprábamos unas piedras verdes brillantes porque en una época hacíamos monederos para un mayorista. Horas enebrando con hilo de pesca piedras con piedras , luego un cierre metálico negro.

Era la reina del pichuleo, un ADORABLE suplicio por el que pasábamos mi hermana y yo para encontrar desde los canutillos para su vestido de quince, pasando por mi disfraz de carnaval, hasta esos moldes de vestidos que salían en la revista Petra, Sólo miraba las figuras porque las instrucciones estaban escritas en alemán.
Pero se llamaba Petra la revista y se llamaba Petra mi madre y eso bastaba para que ellas se entendieran .

Había dos paradas irrenunciables una era Pueyrredón y Sarmiento el mercado a cielo abierto que vendía sólo cosas comestibles.
Con ese mercado me pasaban dos cosas, me gustaba entrar porque me daba curiosidad ver las cabezas de chancho en fila que conversaban cada una con la que tenía al lado, algunos me guiñaban un ojo cuando miraba mucho, y para comer una empanada tucumana frita en el momento, pero acontecido el hecho gastronómico pronto quería salir porque el olor a grasa mezclada con bofe y con pescado me producían arcadas.

La otra parada irrenunciable era casa Olga en Pasteur al 200 mamá escuchaba las ofertas por la radio y luego venía y se probaba los batones abrochados adelante como los que usó Meril Streep en los puentes de Madison, - no le quedaban igual a ella- sin cuello tenían que ser, decía que con cuello enseguida se notaba cuando estaba usado, y escote en V para afinar lo inafinable.

El destino quiso que 50 años después termináramos viviendo mi hermana al lado de casa Olga y yo frente al Mercado, como si mi madre hubiera condicionando nuestro futuro lugar de residencia. Condicionado digo, porque elegir, elegir …a mi me parece que cuando nosotras éramos chicas no se usaba elegir.
Yo no quería disfrazarme de española, yo soñaba con ser una odalisca, pero …que te pensas vos? disfrazarte de odalisca donde se ha visto una odalisca (inflaba los cachetes y hacía seña de panza ) y mi hermana quería un vestido de 15 comprado y NO el orgullo de lucir un vestido bordado canutillo por canutillo por las manos de su propia madre!

Al Abasto no llegábamos, porque no era conveniente pasar con dos niñitas por ese lugar tan lleno de hombres.
Si hubiera sabido mi madre que 50 años después no iba a haber en todo Bs. As. un solo lugar lleno de hombres, recién en la inauguración del Shoping Abasto nos iban a sacar a mi madre, a mi hermana y a mi de ese antro de perdición.

*fragmento de Jorge Luis Borges

Adriana Medina

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