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viernes, 15 de julio de 2011

De la serie "Un tarambana casadero"



MI obsesión

Invadido por la obsesión y los deseos en la necesidad de casarme, que para mí es como la política de estado, “de estado sin solución de continuidad” y por la que me vi obligado a recurrir al decreto de necesidad y urgencia.

Para cumplir con ese auto mandato, me anote en una de esas numerosas páginas de búsqueda de parejas que hay en Internet. Me pregunte por que no me di cuenta antes de su existencia. Son en realidad extraordinariamente fabulosas por la función social que cumplen.
La oferta es muy variable y más completa que un boliche, solo con la ayuda del ratoncito haciendo click, uno puede buscar por edad, por barrio, con foto, sin foto, solteras o separadas, con o sin coche, rubias o morochas… en fin, a gusto y a medida de cada uno. Claro, hay que tomarse el tiempo de leer los perfiles de cada una. Y yo me concentre en esa tarea con esmerada y prolija atención, pues aquí tenia la posibilidad no solo de casarme, sino de casarme con la mujer ideal , la mujer de mis sueños!!!, a mi gusto y semejanza.

Ante mi aparecieron muchos perfiles con sus respectivas fotos mas que interesante, a tal punto que me costaba decidirme. Todas poseían extraordinarias virtudes y en las fotos se veían muy juveniles y tentadoras.

Entonces me decidí por Celina de 60 años, piscis como yo, de profesión multifacética (profesora de manualidades), medianamente culta, estado civil inconcluso. (no sabe si es viuda o separada), vive sola, sin mascotas. Y en su perfil reza lo siguiente: “Soy una mujer sencilla y humilde, llena de virtudes y muy alegre, simpática, atractiva, sensible y muy creativa, se zurcir y cocinar muy bien, sueño encontrar un señor que se sienta cómodo junto a mi, no importa que color tengan sus ojos, solo quiero que me miren con ternura y me acaricien, que valorice todo lo que haré por el, yo haré lo mismo a cambio.

AL FIN!!! la encontré, esta es la mujer que busco, y rápidamente le escribí preguntándole si podíamos conversar. Me respondió al instante enviándome su e-mail, yo le envíe el mío.

A la semana nos conocimos personalmente. Nuestra primera cita fue en la confitería “Las Violetas” de Almagro. Fue un momento mágico. Descubrimos que éramos alma gemelas, ¿y para que esperar?-nos dijimos-, y a los pocos días ya estábamos en el civil, y a la noche de ese mismo día estábamos en el hotel iniciando nuestra fogosa luna de miel.

Que triste es despertar y recordar: ¡que ni siquiera tengo computadora!.

José Curia

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